La niña se llamaba Thaís. No lo descubrí ni por ella (aunque debo decir que si le volvi a preguntar su nombre y, de nuevo, no lo escuché, por lo que empiezo a pensar que el problema fue conmigo) ni por Valeria, sino por Luis Jorge. El me comentó su nombre porque ha parado con ella tiempo antes, solo que se han alejado debido a que él va al 2do piso dentro de los pabellones y fue por esa razón que nos siguió a Valeria y a mí la semana pasada.
Cuando llegaron las dos niñas, las esperé con grandes expectativas del día. Ambas llegaron y me dieron un abrazo, por lo que sentí que mis actividades se empezarían a duplicar, lo cual efectivamente pasó. Tuve que estar cuidando que ambas pequeñas no se alejaran mucho una de la otra, sin embargo eso no fue mucho problema debido a que las niñas se mantuvieron unidas casi toda la tarde.
Debo considerar medio trabajoso el hecho que no sentí que ellas quisieran jugar con la otra. O al menos, de parte de Valeria. Thaís parecía con muchas ganas de acoplarse a nuestros juegos y convertir nuestra relación de dos en una de tres personas. Esto, a mi parecer, no le parecia tan agradable a Valeria, quien a veces ponía cara de incomodidad ante la presencia de Thaís, a pesar que si son amigas. Esto quizás traiga problemas, pero no puedo dejar que Valeria siempre quiera ser el centro de atención.
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