Hoy fue la despedida en el Maria Araoz. Para esta actividad, planeamos un karaoke masivo, donde los albergados podían cantar sus canciones preferidas y disfrutar de la música. Aunque ellos estuvieran concientes que esta era la última visita, participaron con grandes ánimos y cantaron con toda la voz que tenían, lo cual nos hizo sentir muy contentos pues vimos en ellos todo el esfuerzo que hemos puesto a lo largo de este año en todas las actividades de CAS.
Tras el karaoke, las señoras nos invitaron a bailar, a lo que nosotros accedimos gustosos. Este momento fue muy simbólico, pues me percaté que habíamos logrado compenetrarnos de tal manera con las albergadas que ya no eramos nosotros visitandolas a ellas, sino todos siendo parte de un conjunto que buscaba la diversión y alejamiento de problemas de todos los participantes.
Finalmente, les dimos los recuerdos a los albergados. El pack que habíamos arreglado, además de una pulserita para cada albergada y una taza para los albergados, fue la mejor manera que pudimos habernos despedido. Logré decirle adiós a cada albergado con los que pasé este año. Saludé al capi como el gusta de hacerlo y supe que el me reconoció. Me despedí de Rosita, quien me deseó lo mejor para mi vida y me agradeció por las visitas, a lo que le respondí que ella había sigo una de las pocas que estuvo en todo momento con nosotros y estaba agradecido por ello.
Terminó una primera etapa de CAS, y siento que nunca olvidaré a estos señores, quienes fueron y son para mí como abuelitos adoptivos, por lo que siento que este no es el adiós definitivo, solo un hiato indefinido.