Llegamos al hogar y los niños se demoraron en salir. Normalmente el salón de Valeria es uno de los últimos en salir pues son el grupo de menor edad (3 años), sin embargo hoy el conjunto se demoró debido a un retraso en el almuerzo según nos comentaron luego en el regreso al colegio.
Fui a saludar a Valeria como siempre lo hago, y hoy me encontraba feliz pues el clima y mis dias anteriores habían sido satisfactorios. Valeria me observó y me lanzó un golpe que me cayó en el pecho. Fue una reacción brusca y yo me sorprendi y le dije que eso no estaba correcto. Su manera de responderme fue empezando a llorar de manera descontrolada.
Inicié una vez más mis intentos por tranquilizar a la niña, sin embargo esta vez no hallaba forma que dejara el llanto. Vino una niña que no conocía, mayor que ella (debido a que su vestimenta era diferente a la de las niñas de 3 años) y me dijo: "A Valeria le encanta llorar"
Llamé a Rocío. Ella es la compañera más cercana que tengo, y si por algo se caracteriza es por su facilidad para entablar relaciones con niños pequeños. Yo siempre me he descrito como una persona que gusta de los niños, sin embargo Rocío alcanza un nuevo nivel de comprensión con estos.
La cargó y armó una especie de complot contra mi. Me hecho la culpa y Valeria le dijo que si, yo era el culpable que este triste. No nos quiso explicar porqué. Para que me perdonara, tuve que imitar a distintas clases de animales: imité a un cerdo, a un caballo, a un perro, a un pato y a un león. Valeria me perdonó en la imitación del León, se rio mucho y dejo que la cargara. La empujé en los columpios y la llevé a la cama elástica, pero llego el momento de volver.
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