Valeria es sorprendente. A pesar de molestarme la mayoría de actitudes que tiene, un poco egoísta y resentida, mantiene un espiritu feliz. La mayoria de veces se está riendo, o almenos con una sonrisa. A pesar de poner cara seria varias veces porque las cosas no salen como lo espera, al poco tiempo se le olvida el momento y ya está ocupada realizando otras actividades.
Hoy, Valeria me recibió como si me hubiera estado esperando. Cuando me vio me dió un beso en la mejilla y seguidamente me llevó hacia un arbol y me hizo señas para que la cargue y la ayude a alcanzar las hojas. Advertido por los recuerdos de conciencia global, le expliqué que eso le haria daño al hogar y además "el arbolito se pondrá muy triste". "Solo una hojita" me respondio.
Asi, me llevo por un largo paseo en torno a todo el hogar. Encontramos distintos tipos de hojas, flores y plantas, las cuales Valeria me iba dando en cuanto le gustaban. Siempre que arrancaba una me repetia la frase, como si estuviera arrepentida de lo que estuviera haciendo y a la vez quisiera evitar todo cargo de conciencia. Me senti orgulloso de alguna manera a haber contribuido a que la niña almenos sienta compasión por su acción.
Colocó todo lo recolectado en una banca, y en un momento que nos fuimos, una niña llamada Mariana, quien tenia un comportamiento muy hiperactivo, había derribado la torta hecha por Valeria. Valeria fue corriendo y gritó "¡No!" y se puso a llorar.
Logré tranquilizarla, aunque me parecio que esta vez si tenia motivos debido a que era su esfuerzo, y vino una niña a lanzarlo por diversión. Claro, esta no lo hizo por molestarla, pero aun generó su pesar. Por primera vez, Valeria tuvo razones lógicas para llorar.
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