Si consideramos que la semana pasada fue conmigo y con Valeria a la cama saltarina y que se encontraba en un estado de animo bastante conversador, no sé realmente cual a sido mi error para ganarme su indiferencia.
Estuve como de costumbre con Valeria, le di impulso en el columpio del albergue y luego fuimos hacia la parte de los puentes colgantes. Valeria las semanas pasadas me dijo que le tenia bastante miedo a los puentes y se negaba a pasarlos si yo no le cogía la mano para ayudarla a pasar. Hoy, he logrado que Valeria pase de un lado del puente al otro sola, sin sostenerla de ninguna forma.
Valeria ha aprendido hoy algo gracias a mi, y me siento completamente pleno por ello. Siento que la he ayudado a sobrellevar un gran peso con el que cargaba para su edad, y la sonrisa que me dio al encontrarse en el punto opuesto del puente fue compensación suficiente. Compensación que ahora no siento necesaria.
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