Valeria llegó con mal humor. Inicialmente me miro y me balbuceó algo, y comprendí que me estaba botando. Decidí no rendirme, que a pesar de todo era necesario mostrarle mi disposición y de alguna manera buscaba controlar la situación pues yo estoy seguro que ella solo quería llamar mi atención.
Los asientos del patio estaban hechos de un material parecido a la madera y el aserrín, recubiertos con una capa de cemento. Si bien en algunos cubría la totalidad del asiento, en otros se dejaba ver el material interno por los bordes o la parte de abajo. Arranque lo que parecía madera y se lo dí a Valeria. Ella lo vio con curiosidad y empezó a armar toda una historia en torno a ese pedazo de madera . De ahí, me jaló hacia el patio y seguia balbuceando toda una historia. Se notaba que le interesaba y no quería cortar su inspiración, así que ascendía a cada palabra que decía.
La inspiración que tienen los niños es algo realmente sorprendente, como pueden armar todo un mundo fantasioso en torno a un hecho mínimo y sostener esta idea por un largo tiempo. Voy a intentar mantener esa parte de mí despierta para poder ver las cosas de manera más positiva, derrepente podría sobrellevar el programa mejor.
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