miércoles, 26 de mayo de 2010

Cas 8 (26/5/10): No quiero comer, Mami.

Hoy siento un poco más de calor humano que la semana pasada, pero el recuerdo que ha dejado la cantidad de albergados que comúnmente teníamos es aún más fuerte. No nos dábamos a basto para poder cubrir las necesidades de diversión de todos los ancianos.

Quisiera poder decir que me siento reconfortado de esta libertad ante la persistente ausencia de albergados, pero la verdad es que me mortifica. Lo único que me hacía sentir útil realmente para mi entorno externo, aquél con el cual nunca he tenido contacto hasta el inicio de esta experiencia.
Me dí cuenta desde ese día cuanto me necesita mi ciudad, como con una simple sonrisa puedo generar el cambio de actitud que esta sociedad pide a gritos. Me siento en una banca resignado a esperar a que pasen las horas, pues todos los ancianos presentes ya tienen a alguien con quien poder ser felices.

¿Es una lección? Yo no creo en las señales divinas, dudo mucho que algún ser divino halla sentido la necesidad de hacerme entender por la fuerza aquella frase celebre que mi mamá me repetía cada vez que no quería comer "¿Vez esto? ¿Cómo no lo vas a querer? Vamos, uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde." Hoy no estoy seguro que sea verdad, pero sé que no puede repetirse esto, por el bien de mi equilibrio mental.

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