Vine con la mente puesta en cambiar todo. Si bien fui a saludar al señor Serrano quien apenas me vio me dijo: "Ahorita voy, pongan la mesa", con esa voz ronca que aparenta ser de algún otro país. Entré al cuarto de juegos y saqué unos cuantos rompecabezas. En el patio me sentí muy inservible, pues todos se encontraban ayudando a sus conocidos de otras visitas, cuando yo aún no conocía a ninguno.
Decidí ayudar en la parte de manualidades, donde encontré a muchas señoras que muy alegremente pintaban y hacían cuadros caseros. Me senté al lado de una señora que resultó ser sorda, la cual si bien no pintaba perfectamente, mantenía un espíritu feliz. A veces me sorprende la voluntad de vida de las personas que lo único que les queda es una sonrisa.
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