Sin embargo, viendo a mi alrededor me doy cuenta lo mucho que otros albergados nos necesitan. Hay muchos rondando las áreas verdes como buscando una llave para salir de su mente y correr. Otros nos miran muy desconfiados, como esperando que en cualquier momento desaparezcamos y hayamos sido solo una ilusión para los inocentes.
Deberia pararme, acercarme y escuchar a cada uno de ellos. Debería dejar la comodidad de mi silla y mostrarles que venimos para que se olviden de sus problemas y que se den cuenta que hay gente que se preocupa por ellos.
No, no es verdad que vamos porque nos obligan a ello, es porque lo escogimos y lo llevamos adelante. ¿Es que es tan difícil de creer?
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